jueves, 15 de febrero de 2007

Hay sangre






Si le dijiste que no y él siguió; o sea, no siguió, no entonces; le dijiste que duele y él se detuvo, pero la dejó apoyada en tu puerta, como esperando que algo cambie, que vos cambies de opinión, y entonces vos, que llorabas, creíste que el espanto había pasado, él te abrazó y vos creíste que lo querías y lloraste más, pero tenías dieciocho años y eras virgen y no querías que todo ocurriera así, lo habías imaginado de otra manera, más rosa, pero en ese momento estabas en un auto en un parque y el te había tocado, y eso estaba bueno y después él te había subido la pollera y eso ya no estaba tan bueno pero lo dejaste porque él te quería, se suponía que te quería y que nunca te dañaría, entonces de pronto lo sentiste, ahí abajo, presionando, y no quisiste mirar porque seguro que te estabas equivocando, porque él te quería y no era posible, no, que se hubiese bajado los pantalones sin consultarte, y porque además él tenía experiencia, así que no, no podía ser, pero entonces sentiste más y más presión y miraste, y no lo podías creer, algo negro, abajo, y viste sus pelos púbicos y nada más porque lo otro estaba más abajo, tratando de penetrarte, pero vos no podías perder así tu virginidad, no en esa situación ridícula, y además te dolía que empuje, ya no era agradable como tocarse, y ya no sabías si en realidad lo querías tanto y después dejaste de pensar porque te dolía que empuje y por eso lloraste y le dijiste que pare y el paró, pero no se alejó porque él decía que te quería y entonces te mimó y te dijo palabras tranquilizadoras y vos lloraste y lloraste y te relajaste un poco con eso, porque parecía que sí, que te quería, y por eso lloraste y hasta le pediste perdón por ser tan tonta y tan nena, pero es que eras una nena, y él te besó y te tranquilizaste un poco más, porque él te quería, tenía que quererte si te besaba así, y ahí fue que te partió al medio como una granada madura, pero vos no estabas madura, de un solo envión, aprovechando tu cuerpo un poco menos tenso fue más fácil, el camino se abrió y él la metió y vos sentiste el dolor del alma abierta, tan intenso que ni siquiera gritaste, no pudiste gritar, sólo quisiste desaparecer, dejar de existir, te preguntaste porqué esa mañana aceptaste ir al parque y porqué dejaste que él te regale frutillas y porqué permitiste que te toque y porqué estabas con él a fin de cuentas… pero todas estas preguntas no retrocedieron el tiempo ni a él que empezó a moverse como se mueve una persona que sabe de sexo y es seguro que mientras presionaba no te miraba porque tu cara debía estar horrible, crispada, hinchada de tanto llorar, llena de lágrimas y mocos; probablemente él habrá cerrado los ojos y se habrá imaginado que eras otra, una putita que él recordaría con calentura y que se movería más que vos, que estuviste tiesa como si fueras de piedra, con él arriba escarbándote, cada vez más profundo, y entonces abriste los ojos y miraste por la ventana y afuera había un sol precioso, era tan lindo el día para estar en el parque pero, que raro no había nadie y vos tampoco deberías estar ahí, prestaste atención afuera a un pájaro que tenía razones para cantar, y él se movía y te hacía volver al interior de ese auto, sobre todo al momento en que su cuerpo se despegó del tuyo, parecía que por fin había acabado el muy bestia y se había levantado y vos te quedaste ahí tirada, no quisiste moverte, no quisiste existir, pero sobre todo no quisiste mirarlo, y ahí te hubieses quedado hasta que alguien tropezara con tu cuerpo y te llevara a un hospital donde tus padres te cuiden y te consuelen; pero la verdad era que en tus partes desnudas y húmedas empezaste a sentir frío y te acomodaste la ropa y te cubriste, y entonces viste sangre en tu bombacha y te levantaste despacio y saliste del auto y le dijiste


-hay sangre




y él no te contestó porque estaba sentado en el suelo con la cabeza entre las manos y vos pensaste que tal vez lloraba y te sentiste peor porque te diste cuenta que eso no tendría que haber ocurrido y que él lo sabía y que se arrepentía, por eso le dijiste




-hay sangre




y él te pidió perdón y no te contestó y vos no quisiste saber la verdad que te había ocurrido así que le dijiste que no era nada, que vos lo querías y que alguna vez tenía que ocurrir, pero le ocultaste que él no era la persona indicada porque de hecho ni siquiera lo considerabas persona, pero todavía tuviste que reforzar la parodia dándole un abrazo para que ya no llore y le pediste con tu más falsa sonrisa que te lleve a tu casa para morirte y llorar tranquila, eso último no lo dijiste pero él entendió y te llevó a tu casa o tal vez sólo te llevó porque le pareció que si te alejaba de él también se alejaría la culpa, y así fue que llegaste a tu casa y corriste escaleras arriba y te metiste en el baño como para ducharte porque no podías acostarte en plena tarde sin que tus padres sospecharan, así que abriste la ducha y trataste de lavar tu desgracia y lloraste un poco sin ruido para que nadie golpeara la puerta y te preguntara nada, te lavaste con una esponja dura el cuerpo para sacar de tu piel todo vestigio del monstruo, pero eso es imposible porque tu cuerpo estaba roto y hasta ahí no llegaba la esponja.




Si le dijiste que no y él siguió, es horrible.